Gustavo Adolfo Bécquer
Rimas
-- Rima I --
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Yo sé un himno gigante y extraño |
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que anuncia en la noche del alma una aurora, |
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y estas páginas son de este himno |
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cadencias que el aire dilata en la sombras. |
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Yo quisiera escribirlo, del hombre |
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domando el rebelde, mezquino idioma, |
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con palabras que fuesen a un tiempo |
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suspiros y risas, colores y notas. |
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Pero en vano es luchar; que no hay cifra |
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capaz de encerrarlo, y apenas, ¡oh hermosa! |
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pudiera al oído, contártelo a solas. |
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-- Rima II -- |
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Saeta que voladora |
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cruza, arrojada al azar, |
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sin adivinarse dónde |
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temblando se clavará; |
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hoja del árbol seca |
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arrebata el vendaval, |
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sin que nadie acierte el surco |
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donde a caer volverá; |
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gigante ola que el viento |
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riza y empuja en el mar, |
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y rueda y pasa, y no sabe |
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qué playa buscando va; |
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luz que en los cercos temblorosos |
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brilla, próxima a expirar, |
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ignorándose cuál de ellos |
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el último brillará; |
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eso soy yo, que al acaso |
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cruzo el mundo, sin pensar |
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de dónde vengo, ni a dónde |
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mis pasos me llevarán. |
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-- Rima III -- |
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Sacudimiento extraño |
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que agita las ideas, |
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como huracán que empuja |
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las olas en tropel; |
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murmullo que en el alma |
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se eleva y va creciendo |
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como volcán que sordo |
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anuncia que va a arder; |
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deformes siluetas |
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de seres imposibles; |
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paisajes que aparecen |
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como un través de un tul; |
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colores que fundiéndose |
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remedan en el aire |
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los átomos del Iris |
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que nadan en la luz |
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ideas sin palabras |
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palabras sin sentido; |
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cadencias que no tienen |
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ni ritmo ni compás; |
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memorias y deseos |
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de cosas que no existen; |
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accesos de alegría |
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impulsos de llorar; |
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actividad nerviosa |
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que no halla en qué emplearse; |
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sin rienda que lo guíe |
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caballo volador; |
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locura que el espíritu |
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exalta y enardece |
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embriaguez divina |
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del genio creador. |
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¡Tal es la inspiración! |
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gigante voz que el caos |
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ordena en el cerebro, |
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y entre las sombras hace |
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la luz aparecer; |
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brillante rienda de oro |
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que poderosa enfrena |
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de la exaltada mente |
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el volador corcel; |
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hilo de luz que en hace |
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lo pensamientos ata; |
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sol que las nubes rompe |
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y toca en el cenit; |
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inteligente mano |
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que en un collar de perlas |
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consigue las indóciles |
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palabras reunir; |
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armonioso ritmo |
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que con cadencia y número |
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las fugitivas notas |
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encierra en el compás; |
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cincel que el bloque muerde |
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la estatua moldeando |
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y la belleza plástica |
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añade a la ideal; |
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atmósfera en que giran |
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con orden las ideas, |
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cual átomos que agrupa |
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recóndita atracción; |
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raudal en cuyas ondas |
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su sed la fiebre apaga; |
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oasis que al espíritu |
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devuelve con vigor. |
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¡Tal es nuestra razón! |
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Con ambas siempre en lucha |
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y de ambas vencedor |
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tan sólo el genio puede |
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a un yugo atar las dos. |
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-- Rima IV -- |
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No digáis que agotado su tesoro, |
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de asuntos falta, enmudeció la lira: |
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Podrá no haber poetas; pero siempre |
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habrá poesía. |
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Mientras las ondas de la luz al beso |
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palpiten encendidas; |
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mientras el sol las desgarradas nubes |
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de fuego y oro vista; |
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mientras el aire en su regazo lleve |
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perfumes y armonías; |
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mientras haya en el mundo primavera, |
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¡habrá poesía! |
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Mientras la ciencia a descubrir no alcance |
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las fuentes de la vida, |
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Y en el mar o en el cielo haya un abismo |
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que al cálculo resista; |
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mientras la humanidad siempre avanzando, |
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no sepa a dó camina; |
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mientras haya un misterio para el hombre, |
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¡habrá poesía! |
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Mientras sintamos que se alegra el alma |
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sin que los labios rían; |
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mientras se llora sin que el llanto acuda |
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a nublar la pupila; |
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mientras el corazón y la cabeza |
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batallando prosigan; |
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mientras haya esperanzas y recuerdos, |
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¡Habrá poesía! |
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Mientras haya unos ojos que reflejen |
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los ojos que los miran; |
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mientras responda el labio suspirando |
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al labio que suspira; |
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mientras sentirse puedan en un beso |
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dos almas confundidas; |
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mientras exista una mujer hermosa, |
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¡Habrá poesía! |
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-- Rima V -- |
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Espíritu sin nombre, |
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indefinible esencia, |
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yo vivo con la vida |
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sin formas de la idea. |
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Yo nado en el vacío |
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del sol tiemblo en la hoguera |
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palpito entre las sombras |
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y floto con las nieblas. |
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Yo soy el fleco de oro |
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de la lejana estrella, |
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yo soy de la alta luna |
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la luz tibia y serena. |
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Yo soy la ardiente nube |
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que en el ocaso ondea; |
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yo soy del astro errante |
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la luminosa estela. |
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Yo soy nieve en las cumbre, |
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soy fuego en las arenas, |
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azul onda en los mares |
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y espuma en las riberas. |
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En el laúd soy nota, |
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perfume en la violeta, |
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fugas llama en las tumbas |
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y en las ruinas hiedra. |
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Yo atrueno en el torrente, |
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y silbo en la centella |
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y ciego en el relámpago |
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y rujo en la tormenta. |
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Yo río en los alcores |
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susurro en la alta hierba, |
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suspiro en la onda pura |
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y lloro en la hoja seca. |
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Yo ondulo con los átomos |
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del el humo que se eleva |
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y al cielo lento sube |
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en espiral inmensa. |
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Yo en los dorados hilos |
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que los insectos cuelgan |
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me mezclo entre los árboles |
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en la ardorosa siesta. |
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Yo corro tras las ninfas |
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que en la corriente fresca |
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del cristalino arrollo |
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desnudas juguetean. |
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Yo en bosque de corales, |
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que alfombran blancas perlas, |
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persigo en el océano |
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las náyades ligeras. |
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Yo, en las cavernas cóncavas, |
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do el sol nunca penetra, |
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mezclándome a los nomos |
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contemplo sus riquezas. |
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Yo busco de los siglos |
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las ya borradas huellas, |
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y sé de esos imperios |
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de que ni el nombre queda. |
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Yo sigo en raudo vértigo |
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los mundos que voltean, |
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y mi pupila abarca |
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la creación entera. |
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Yo sé de esas regiones |
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a do rumor no llega, |
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y donde los informes astros |
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de vida y soplo esperan. |
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Yo soy sobre el abismo |
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el puente que atraviesa; |
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yo soy la ignota escala |
|
que el cielo une a la tierra. |
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Yo soy el invisible |
|
anillo que sujeta |
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el mundo de la forma |
|
al mundo de la idea. |
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Yo, en fin, soy el espíritu, |
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desconocida esencia, |
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perfume misterioso |
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de que es vaso el poeta. |
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-- Rima VI -- |
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Como la brisa que la sangre orea |
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sobre el oscuro campo de batalla, |
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cargada de perfumes y armonías |
|
en el silencio de la noche vaga; |
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símbolo del dolor y la ternura, |
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del bardo inglés en el horrible drama, |
|
la dulce Ofelia, la razón perdida |
|
cogiendo flores y cantando pasa. |
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-- Rima VII -- |
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Del salón en el ángulo oscuro, |
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de su dueño tal vez olvidada, |
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silenciosa y cubierta de polvo |
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veíase el arpa. |
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¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas |
|
como el pájaro duerme en la rama |
|
esperando la mano de nieve |
|
que sabe arrancarlas! |
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|
¡Ay! -pensé-, ¡Cuántas veces el genio |
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así duerme en el fondo del alma, |
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y una voz, como Lázaro, espera |
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que le diga: "Levántate y anda"! |
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-- Rima VIII -- |
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Cuando miro el azul horizonte |
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perderse a lo lejos |
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a través de una gasa de polvo |
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dorado e inquieto, |
|
me parece posible arrancarme |
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del mísero suelo, |
|
y flotar con la niebla dorada |
|
en átomos leves |
|
cual ella deshecho. |
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Cuando miro de noche en el fondo |
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obscuro del cielo |
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las estrellas temblar, como ardientes |
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. pupilas de fuego, |
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me parece posible a do brillan |
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subir en un vuelo, |
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y anegarme en su luz, y con ella |
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en lumbre encendido |
|
fundirme en un beso |
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En el mar en la duda en que bogo |
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ni aún se lo que creo: |
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¡Sin embargo, estas ansias me dicen |
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que yo llevo algo |
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divino aquí dentro |
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-- Rima IX -- |
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Besa el aura que gime blandamente |
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las leves ondas que jugando riza |
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el sol besa a la nube de occidente |
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y de púrpura y oro la matiza. |
|
la llama en derredor del tronco ardiente |
|
por besar a otra llama se desliza. |
|
y hasta el sauce inclinándose a su peso |
|
al río que lo besa, vuelve un beso. |
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-- Rima X -- |
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Los invisibles átomos del aire |
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en derredor palpitan y se inflaman |
|
el cielo se deshace en rayos de oro |
|
la tierra se estremece alborozada |
|
Oigo flotando en olas de armonía |
|
rumor de besos y batir de alas, |
|
mis párpados se cierran. ¿:Qué sucede |
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¿:Dime. ¡Silencio!. ¿:Es el amor que pasa |
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-- Rima XI -- |
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- Yo soy ardiente, yo soy morena, |
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yo soy el símbolo de la pasión; |
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de ansia de goces mi alma está llena; |
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¿:a mí me buscas -No es a ti; no |
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- Mi frente es pálida; mis trenzas de oro |
|
puedo brindarte dichas sin fin; |
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yo de ternura guardo un tesoro; |
|
¿:a mí me llamas -No; no es a ti. |
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|
- Yo soy un sueño, un imposible, |
|
vano fantasma de niebla y luz; |
|
soy incorpórea, soy intangible; |
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no puedo amarte. -¡Oh, ven; ven tú! |
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-- Rima XII -- |
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Porque son niña, tus ojos |
|
verdes como el mar, te quejas; |
|
verdes los tienen las náyades, |
|
verdes los tuvo Minerva, |
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y verdes son las pupilas |
|
de las huris del profeta. |
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El verde es gala y ornato |
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del bosque en la primavera; |
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entre sus siete colores |
|
brillante el Iris lo ostenta. |
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Las esmeraldas son verdes, |
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verde el color del que espera, |
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y las ondas del océano, |
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y el laurel de los poetas. |
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Es tu mejilla temprana |
|
rosa de escarcha cubierta |
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en que el carmín de los pétalos |
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se ve a través de las perlas |
|
Y, sin embargo, |
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sé que te quejas, |
|
porque tus ojos |
|
crees que la afean: |
|
pues no lo creas; |
|
que parecen tus pupilas, |
|
húmedas, verdes e inquietas, |
|
tempranas hojas de almendro, |
|
que al soplo del aire tiemblan. |
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|
Es tu boca de rubíes |
|
purpúrea granada abierta, |
|
que en el estío convida |
|
a apagar la sed en ella. |
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Y, sin embargo, |
|
sé que te quejas, |
|
porque tus ojos |
|
crees que la afean: |
|
pues, no lo creas |
|
que parecen, si enojada |
|
tus pupilas centellean, |
|
las olas del mar que rompen |
|
en las cantábricas peñas. |
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Es tu frente que corona |
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crespo el oro en ancha trenza, |
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nevada cumbre en que el día |
|
su postrera luz refleja. |
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Y, sin embargo, |
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sé que te quejas, |
|
porque tus ojos |
|
crees que la afean: |
|
pues, no lo creas |
|
Que, entre las rubias pestañas, |
|
junto a las sienes, semejan |
|
broches de esmeralda y oro, |
|
que un blanco armiño sujetan. |
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|
-- Rima XIII -- |
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Tu pupila es azul, y cuando ríes, |
|
su claridad suave me recuerda |
|
el trémulo fulgor de la mañana |
|
que en el mar se refleja. |
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|
Tu pupila es azul, y cuando lloras, |
|
las transparentes lágrimas en ella |
|
se me figuran gotas de rocío |
|
sobre una violeta. |
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|
Tu pupila es azul, y si en su fondo |
|
como un punto de luz radia una idea |
|
me parece, en el cielo de la tarde, |
|
¡una perdida estrella! |
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|
-- Rima XIV -- |
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Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos, |
|
la imagen de tus ojos se quedó, |
|
como la mancha obscura, orlada en el fuego, |
|
que flota y ciega si se mira al sol. |
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|
Adondequiera que la vista fijo, |
|
torno a ver tus pupilas llamear; |
|
mas no te encuentro a ti; que es tu mirada: |
|
unos ojos, los tuyos, nada más. |
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|
|
De mi alcoba en el ángulo los miro |
|
desasidos fantásticos lucir; |
|
cuando duermo los siento que se ciernen |
|
de par en par abiertos sobre mí. |
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|
Yo sé que hay fuegos faustos que en la noche |
|
llevan al caminante a perecer: |
|
yo me siento arrastrado por mis ojos |
|
pero a donde me arrastran, no lo sé. |
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|
-- Rima XV -- |
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|
Cendal flotante de leve bruma, |
|
rizada cinta de blanca espuma, |
|
rumor sonoro |
|
de arpa de oro, |
|
beso del aura, onda de luz, |
|
eso eres tú. |
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|
Tú, sombra aérea que cuantas veces |
|
voy a tocarte, te desvaneces |
|
como la llama, como el sonido, |
|
como la niebla, como un gemido |
|
del lago azul. |
|
|
|
En mar sin playas onda sonante, |
|
en el vacío cometa errante, |
|
largo lamento. |
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|
Del ronco viento, |
|
ansia perpetua de algo mejor, |
|
Eso soy yo. |
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|
¡Yo, que a tus ojos, en mi agonía |
|
los ojos vuelvo de noche y día |
|
yo, que incansable como demente |
|
tras una sombra, tras la hija ardiente |
|
de una visión! |
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|
-- Rima XVI -- |
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|
|
Si al mecer las azules campanillas |
|
de tu balcón, |
|
crees que suspirando pasa el viento |
|
murmurador, |
|
sabe que, oculto entre las verdes hojas, |
|
suspiro yo. |
|
|
|
Si al resonar confuso a tus espaldas |
|
vago rumor, |
|
crees que por tu nombre te ha llamado |
|
lejana voz, |
|
sabe que, entre las sombras que te cercan |
|
te llamo yo. |
|
|
|
Si se turba medroso en la alta noche |
|
tu corazón, |
|
al sentir en tus labios un aliento |
|
abrasador, |
|
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo |
|
respiro yo. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XVII -- |
|
|
|
Hoy la tierra y los cielos me sonríen; |
|
hoy llega al fondo de mi alma el sol; |
|
hoy la he visto. , la he visto y me ha mirado. |
|
¡Hoy creo en Dios! |
|
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|
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|
|
-- Rima XVIII -- |
|
|
|
Fatigada del baile, |
|
encendido el color, breve el aliento, |
|
apoyada en mi brazo, |
|
del salón se detuvo en un extremo |
|
|
|
Entre la leve gasa |
|
que levantaba el palpitante seno, |
|
una flor se mecía |
|
en compasado y dulce movimiento. |
|
|
|
Como cuna de nácar |
|
que empuja al mar y que acaricia el céfiro |
|
tal vez allí dormía |
|
al soplo de sus labios entreabiertos. |
|
|
|
¡Oh! ¡Quién así, pensaba, |
|
dejar pudiera deslizarse el tiempo! |
|
¡Oh, si las flores duermen, |
|
qué dulcísimo sueño! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XIX -- |
|
|
|
Cuando sobre el pecho inclinas |
|
la melancólica frente, |
|
una azucena tronchada |
|
me preces. |
|
|
|
Porque al darte la pureza, |
|
de que es símbolo celeste, |
|
como a ella te hizo Dios |
|
de oro y de nieve. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XX -- |
|
|
|
Sabe, si alguna vez tus labios rojos |
|
quema invisible atmósfera abrasada, |
|
que al alma que hablar puede con los ojos, |
|
también puede besar con la mirada. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXI -- |
|
|
|
¿:Qué es poesía, dices mientras clavas |
|
en mi pupila tu pupila azul. |
|
¿:Que es poesía, Y tú me lo preguntas |
|
Poesía. eres tú. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXII -- |
|
|
|
¿:Cómo vive esa rosa que has prendido |
|
junto a tu corazón |
|
Nunca hasta ahora contemple en la tierra |
|
sobre el volcán la flor. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXIII -- |
|
|
|
Por una mirada, un mundo, |
|
por una sonrisa, un cielo, |
|
por un beso. ¡yo no sé |
|
que te diera por un beso! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXIV -- |
|
|
|
Dos rojas lenguas de fuego |
|
que a un mismo tronco enlazadas |
|
se aproximan, y al besarse |
|
forman una sola llama. |
|
|
|
Dos notas que del laúd |
|
a un tiempo la mano arranca, |
|
y en el espacio se encuentran |
|
y armoniosas se abrazan. |
|
|
|
Dos olas que vienen juntas |
|
a morir sobre una playa |
|
y que al romper se coronan |
|
con un penacho de plata. |
|
|
|
Dos jirones de vapor |
|
que del lago se levantan, |
|
y al reunirse en el cielo |
|
forman una nube blanca. |
|
|
|
Dos ideas que al par brotan, |
|
dos besos que a un tiempo estallan, |
|
dos ecos que se confunden, |
|
eso son nuestras dos almas. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXV -- |
|
|
|
Cuando en la noche te envuelven |
|
las alas de tul del sueño |
|
y tus tendidas pestañas |
|
semejan arcos de ébano, |
|
por escuchar los latidos |
|
de tu corazón inquieto |
|
y reclinar tu dormida |
|
cabeza sobre mi pecho, |
|
diera, alma mía, |
|
cuanto poseo, |
|
la luz, el aire |
|
y el pensamiento! |
|
|
|
Cuanto se clavan tus ojos |
|
en un invisible objeto |
|
y tus labios ilumina |
|
de una sonrisa el reflejo, |
|
por leer sobre tu frente |
|
el callado pensamiento |
|
que pasa como la nube |
|
del mar sobre el ancho espejo, |
|
diera, alma mía, |
|
cuanto deseo, |
|
la fama, el oro, |
|
la gloria, el genio! |
|
|
|
Cuanto enmudece tu lengua |
|
y se apresura tu aliento |
|
y tus mejillas se encienden |
|
y entornas tus ojos negros, |
|
por ver entre sus pestañas |
|
brillar con húmedo fuego |
|
la ardiente chispa que brota |
|
del volcán de los deseos, |
|
diera, alma mía, |
|
por cuanto espero, |
|
la fe, el espíritu, |
|
la tierra, el cielo. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXVI -- |
|
|
|
Voy contra mi interés al confesarlo; |
|
no obstante, amada mía, |
|
pienso cual tú que una oda solo es buena |
|
de un billete del banco al dorso escrita. |
|
No faltará algún necio que al oírlo |
|
se haga cruces y diga: |
|
Mujer al fin del siglo diez y nueve |
|
material y prosaica. ¡Boberías! |
|
¡Voces que hacen correr cuatro poetas |
|
que en invierno se embozan con la lira! |
|
¡Ladridos de los perros a la luna! |
|
Tú sabes y yo se que en esta vida, |
|
con genio es muy contado el que la escribe, |
|
y con oro cualquiera hace poesía. |
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|
|
-- Rima XXVII -- |
|
|
|
Despierta, tiemblo al mirarte: |
|
dormida, me atrevo a verte; |
|
por eso, alma de mi alma, |
|
yo velo cuando tú duermes. |
|
|
|
Despierta, ríes y al reír tus labios |
|
inquietos me parecen |
|
relámpagos de grana que serpean |
|
sobre un cielo de nieve. |
|
|
|
Dormida, los extremos de tu boca |
|
pliega sonrisa leve, |
|
suave como el rastro luminoso |
|
que deja en sol que muere. |
|
"Duerme!" |
|
|
|
Despierta miras y al mirar tus ojos |
|
húmedos resplandecen, |
|
como la onda azul en cuya cresta |
|
chispeando el sol hiere. |
|
|
|
Al través de tus párpados, dormida; |
|
tranquilo fulgor vierten |
|
cual derrama de luz templado rayo |
|
lámpara transparente. |
|
"Duerme!" |
|
|
|
Despierta hablas, y al hablar vibrantes |
|
tus palabras parecen |
|
lluvia de perlas que en dorada copa |
|
se derrama a torrentes. |
|
|
|
Dormida, en el murmullo de tu aliento |
|
acompasado y tenue, |
|
escucho yo un poema que mi alma |
|
enamorada entiende. |
|
"Duerme!" |
|
|
|
Sobre el corazón la mano |
|
me he puesto porque no suene |
|
su latido y en la noche |
|
turbe la calma solemne: |
|
|
|
De tu balcón las persianas |
|
cerré ya porque no entre |
|
el resplandor enojoso |
|
de la aurora y te despierte. |
|
"Duerme!" |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXVIII -- |
|
|
|
Cuando entre la sombra oscura |
|
perdida una voz murmura |
|
turbando su triste calma, |
|
si en el fondo de mi alma |
|
la oigo dulce resonar, |
|
dime: ¿:es que el viento en sus giros |
|
se queja, o que tus suspiros |
|
me hablan de amor al pasar |
|
|
|
Cuando el sol en mi ventana |
|
rojo brilla a la mañana |
|
y mi amor tu sombra evoca, |
|
si en mi boca de otra boca |
|
sentir creo la impresión, |
|
dime: ¿:es que ciego deliro, |
|
o que un beso en un suspiro |
|
me envía tu corazón |
|
|
|
Y en el luminoso día |
|
y en la alta noche sombría, |
|
si en todo cuanto rodea |
|
al alma que te desea |
|
te creo sentir y ver, |
|
dime: ¿:es que toco y respiro |
|
soñando, o que en un suspiro |
|
me das tu aliento a beber |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXIX -- |
|
|
|
Sobre la falda tenía |
|
el libro abierto, |
|
en mi mejilla tocaban |
|
sus rizos negros: |
|
no veíamos las letras |
|
ninguno, creo, |
|
mas guardábamos entrambos |
|
hondo silencio. |
|
|
|
¿:Cuánto duró Ni aun entonces |
|
pude saberlo; |
|
sólo se que no se oía |
|
más que el aliento, |
|
que apresurado escapaba |
|
del labio seco. |
|
Sólo sé que nos volvimos |
|
los dos a un tiempo |
|
y nuestros ojos se hallaron |
|
y sonó un beso. |
|
|
|
Creación de Dante era el libro, |
|
era su Infierno. |
|
|
|
Cuando a él bajamos los ojos |
|
yo dije trémulo: |
|
"¿:Comprendes ya que un poema |
|
cabe en un verso" |
|
Y ella respondió encendida: |
|
"¡Ya lo comprendo!" |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXX -- |
|
|
|
Asomaba a sus ojos una lágrima |
|
y a mis labios una frase de perdón. |
|
habló el orgullo y se enjugó su llanto, |
|
y la frase en mis labios expiró. |
|
|
|
Yo voy por un camino, ella por otro; |
|
pero al pensar en nuestro mutuo amor, |
|
yo digo aún: "¿:Por que callé aquél día" |
|
y ella dirá. "¿:Por qué no lloré yo" |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXXI -- |
|
|
|
Nuestra pasión fue un trágico sainete |
|
en cuya absurda fábula |
|
lo cómico y lo grave confundidos |
|
risas y llanto arrancan. |
|
|
|
Pero fue lo peor de aquella historia |
|
que al fin de la jornada |
|
a ella tocaron lágrimas y risas |
|
y a mí, sólo las lágrimas. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXXII -- |
|
|
|
Pasaba arrolladora en su hermosura |
|
y el paso le dejé, |
|
ni aun mirarla me volví, y no obstante |
|
algo en mi oído murmuró "Esa es". |
|
|
|
¿:Quién reunió la tarde a la mañana |
|
Lo ignoro; sólo sé |
|
que en una breve noche de verano |
|
se unieron los crepúsculos y. "fue". |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXXIII -- |
|
|
|
Es cuestión de palabras, y, no obstante, |
|
ni tú ni yo jamás, |
|
después de lo pasado, convendremos |
|
en quién la culpa está. |
|
|
|
¡Lástima que el amor un diccionario |
|
no tenga dónde hallar |
|
cuando el orgullo es simplemente orgullo |
|
y cuando es dignidad! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXXIV -- |
|
|
|
Cruza callada y son sus movimientos |
|
silenciosa armonía; |
|
suenan sus pasos, y al sonar recuerdan |
|
del himno alado la cadencia rítmica. |
|
|
|
Los entreabre, aquellos ojos |
|
tan claros como el día, |
|
y la tierra y el cielo, cuando abarcan, |
|
arden con nueva luz en sus pupilas. |
|
|
|
Ríe, y su carcajada tiene notas |
|
del agua fugitiva; |
|
llora, y es cada lágrima un poema |
|
de ternura infinita. |
|
|
|
Ella tiene la luz, tiene el perfume, |
|
el color y la línea, |
|
la forma, engendradora de deseos, |
|
la expresión, fuente eterna de poesía. |
|
|
|
¿:Que es estúpida. ¡Bah!, mientras, callando |
|
guarde obscuro el enigma, |
|
siempre valdrá, a mi ver, lo que ella calla |
|
más que lo que cualquiera otra me lo diga. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXXV -- |
|
|
|
No me admiró tu olvido! Aunque de un día, |
|
me admiró tu cariño mucho más; |
|
porque lo que hay en mí que vale algo |
|
eso. ¡ni lo pudiste sospechar!. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXXVI -- |
|
|
|
Si de nuestros agravios en un libro |
|
se escribiese la historia, |
|
y se borrase en nuestras almas cuanto |
|
se borrase en sus hojas; |
|
|
|
Te quiero tanto aún: dejó en mi pecho |
|
tu amor huellas tan hondas, |
|
que sólo con que tú borrases una, |
|
¡las borraba yo todas! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXXVII -- |
|
|
|
Antes que tú me moriré: escondido |
|
en las entrañas ya |
|
el hierro llevo con que abrió tu mano |
|
la ancha herida mortal. |
|
|
|
Antes que tú me moriré: y mi espíritu, |
|
en su empeño tenaz, |
|
sentándose a las puertas de la muerte, |
|
allí te esperará. |
|
|
|
Con las horas los días, con los días |
|
los años volarán, |
|
y a aquella puerta llamarás al cabo. |
|
¿:Quién deja de llamar |
|
|
|
Entonces que tu culpa y tus despojos |
|
la tierra guardará, |
|
lavándote en las ondas de la muerte |
|
como en otro Jordán. |
|
|
|
Allí, donde el murmullo de la vida |
|
temblando a morir va, |
|
como la ola que a la playa viene |
|
silenciosa a expirar. |
|
|
|
Allí donde el sepulcro que se cierra |
|
abre una eternidad. |
|
¡ Todo lo que los dos hemos callado |
|
lo tenemos que hablar ! |
|
|
|
|
-- Rima XXXVIII -- |
|
|
|
Los suspiros son aire y van al aire! |
|
Las lágrimas son agua y van al mar! |
|
Dime, mujer, cuando el amor se olvida |
|
¿:sabes tú adónde va |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XXXIX -- |
|
|
|
Lo que el salvaje que con torpe mano |
|
hace de un tronco a su capricho un dios, |
|
y luego ante su obra se arrodilla, |
|
eso hicimos tu y yo. |
|
|
|
Dimos formas reales a un fantasma, |
|
de la mente ridícula invención, |
|
y hecho el ídolo ya, sacrificamos |
|
en su altar nuestro amor. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XL -- |
|
|
|
Su mano entre mis manos, |
|
sus ojos en mis ojos, |
|
la amorosa cabeza |
|
apoyada en mi hombro, |
|
|
|
¡Dios sabe cuántas veces, |
|
con paso perezoso, |
|
hemos vagado juntos |
|
bajo los altos olmos |
|
que de su casa prestan |
|
misterio y sombra al pórtico! |
|
Y ayer. un año apenas, |
|
pasando como un soplo |
|
con qué exquisita gracia |
|
con qué admirable aplomo, |
|
me dijo al presentarnos |
|
un amigo oficioso: |
|
"Creo que alguna parte |
|
he visto a usted" ¡Ah, bobos |
|
que sois de los salones |
|
comadres de buen tono, |
|
y andáis por allí a caza |
|
de galantes embrollos. |
|
¡Qué historía habéis perdido! |
|
¡Qué manjar tan sabroso! |
|
para ser devorado |
|
"soto voce" en un corro, |
|
detrás de abanico |
|
de plumas de oro! |
|
|
|
¡Discreta y casta luna, |
|
copudos y altos olmos, |
|
paredes de su casa, |
|
umbrales de su pórtico, |
|
callad, y que en secreto |
|
no salga con vosotros! |
|
Callad; que por mi parte |
|
lo he vivido todo: |
|
y ella. , ella. , ¡no hay máscara |
|
semejante a su rostro! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XLI -- |
|
|
|
Tú eras el huracán y yo la alta |
|
torre que desafía su poder: |
|
¡tenías que estrellarte o que abatirme! |
|
¡No pudo ser! |
|
|
|
Tú eras el océano y yo la enhiesta |
|
roca que firme aguarda su vaivén: |
|
¡tenías que romperte o que arrancarme!. |
|
¡No pudo ser! |
|
|
|
Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados |
|
uno a arrollar, el otro a no ceder: |
|
la senda estrecha, inevitable el choque. |
|
¡No pudo ser! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XLII -- |
|
|
|
Cuando me lo contaron sentí el frío |
|
de una hoja de acero en las entrañas, |
|
me apoyé contra el muro, y un instante |
|
la conciencia perdí de donde estaba. |
|
|
|
Cayó sobre mi espíritu la noche, |
|
en ira y en piedad se anegó el alma, |
|
¡Y se me revelo por qué se llora, |
|
Y comprendí una vez por qué se mata! |
|
|
|
Pasó la nube de dolor. , con pena |
|
logré balbucear breves palabras. |
|
¿:Quién me dio la noticia. Un fiel amigo |
|
¡Me hacia un gran favor!. Le di las gracias. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XLIII -- |
|
|
|
Dejé la luz a un lado, y en el borde |
|
de la revuelta cama me senté, |
|
Mudo, sombrío, la pupila inmóvil |
|
clavada en la pared. |
|
|
|
¿:Qué tiempo estuve así No sé: al dejarme |
|
la embriaguez horrible de dolor, |
|
expiraba la luz y en mis balcones |
|
reía el sol. |
|
|
|
Ni sé tampoco en tan terribles horas |
|
en qué pensaba o que pasó por mí; |
|
solo recuerdo que lloré y maldije, |
|
y que en aquella noche envejecí. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XLIV -- |
|
|
|
Como en un libro abierto |
|
leo de tus pupilas en el fondo; |
|
¿:a qué fingir el labio |
|
risas que se desmienten con los ojos |
|
|
|
¡Llora! No te avergüences |
|
de confesar que me quisiste un poco. |
|
¡Llora! Nadie nos mira! |
|
Ya ves: soy un hombre. ¡y también lloro! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XLV -- |
|
|
|
En la clave del arco ruinoso |
|
cuyas piedras el tiempo enrojeció, |
|
obra de un cincel rudo campeaba |
|
el gótico blasón. |
|
|
|
Penacho de su yelmo de granito, |
|
la yedra que colgaba en derredor |
|
daba sombra al escudo en que una mano |
|
tenía un corazón. |
|
|
|
A contemplarle en la desierta plaza |
|
nos paramos los dos: |
|
Y, "ése, me dijo, es el cabal emblema |
|
de mi constante amor". |
|
|
|
¡Ay!, y es verdad lo que me dijo entonces: |
|
Verdad que el corazón |
|
lo llevará en la mano. , en cualquier parte. |
|
pero en el pecho, no. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XLVI -- |
|
|
|
Tu aliento es el aliento de las flores, |
|
tu voz es de los cisnes la armonía; |
|
es tu mirada el esplendor del día, |
|
y el color de la rosa es tu color. |
|
Tú prestas nueva vida y esperanza |
|
a un corazón para el amor ya muerto: |
|
tú creces de mi vida en el desierto |
|
como crece en un páramo la flor. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XLVII -- |
|
|
|
Yo me he asomado a las profundas simas |
|
de la tierra y del cielo |
|
y les he visto el fin con los ojos |
|
o con el pensamiento. |
|
|
|
Mas, ¡ay! de un corazón llegué al abismo, |
|
y me incliné por verlo, |
|
y mi alma y mis ojos se turbaron: |
|
¡tan hondo era y tan negro! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XLVIII -- |
|
|
|
Alguna vez la encuentro por el mundo |
|
y pasa junto a mí: |
|
y pasa sonriéndose y yo digo |
|
¿:Cómo puede re&iiacute;r |
|
|
|
Luego asoma a mi labio otra sonrisa |
|
máscara del dolor, |
|
y entonces pienso: "¡Acaso ella se ríe, |
|
como me río yo!" |
|
|
|
|
|
|
-- Rima XLIX -- |
|
|
|
¿:A qué me lo decís Lo sé: es mudable, |
|
es altanera y vana y caprichosa: |
|
antes que el sentimiento de su alma |
|
brotará el agua de la estéril roca. |
|
|
|
Sé que en su corazón, nido de sierpes, |
|
no hay una fibra que al amor responda; |
|
que es una estatua inanimada. ; pero. |
|
¡es tan hermosa! |
|
|
|
|
|
|
-- L -- |
|
|
|
De lo poco de vida que me resta |
|
diera con gusto los mejores años, |
|
por saber lo que a otros |
|
de mí has hablado. |
|
|
|
Y esta vida mortal. y de la eterna |
|
lo que me toque, si me toca algo, |
|
por saber lo que a solas |
|
de mí has pensado. |
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
De lo poco de vida que me resta |
|
diera con gusto los mejores años, |
|
por saber lo que a otros |
|
de mí has hablado. |
|
|
|
Y esta vida mortal. y de la eterna |
|
lo que me toque, si me toca algo, |
|
por saber lo que a solas |
|
de mí has pensado. |
|
|
|
|
Rima LI-LX |
|
-- LI -- |
|
|
|
Olas gigantes que os rompéis bramando |
|
en las playas desiertas y remotas, |
|
envuelto entre la sábana de espumas, |
|
¡llevadme con vosotras! |
|
|
|
Ráfagas de huracán que arrebatáis |
|
del alto bosque las marchitas hojas, |
|
arrastrado en el ciego torbellino, |
|
¡llevadme con vosotras! |
|
|
|
Nubes de tempestad que rompe el rayo |
|
y en fuego encienden las sangrientas orlas, |
|
arrebatado entre la niebla oscura, |
|
¡llevadme con vosotras! |
|
|
|
Llevadme por piedad a donde el vértigo |
|
con la razón me arranque la memoria. |
|
¡Por piedad!, ¡tengo miedo de quedarme |
|
con mi dolor a solas! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LII -- |
|
|
|
Volverán las oscuras golondrinas |
|
en tu balcón sus nidos a colgar, |
|
y otra vez con el ala a sus cristales |
|
jugando llamarán. |
|
|
|
Pero aquellas que el vuelo refrenaban |
|
tu hermosura y mi dicha a contemplar, |
|
aquellas que aprendieron nuestros nombres, |
|
ésas. ¡no volverán! |
|
|
|
Volverán las tupidas madreselvas |
|
de tu jardín las tapias a escalar |
|
y otra vez a la tarde aún más hermosas |
|
sus flores se abrirán. |
|
|
|
Pero aquellas cuajadas de rocío |
|
cuyas gotas mirábamos temblar |
|
y caer como lágrimas del día. |
|
ésas. ¡no volverán! |
|
|
|
Volverán del amor en tus oídos |
|
las palabras ardientes a sonar, |
|
tu corazón de su profundo sueño |
|
tal vez despertará. |
|
|
|
Pero mudo y absorto y de rodillas, |
|
como se adora a Dios ante su altar, |
|
como yo te he querido. , desengáñate, |
|
¡así no te querrán! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LIII -- |
|
|
|
Cuando volvemos las fugaces horas |
|
del pasado a evocar, |
|
temblando brilla en sus pestañas negras |
|
una lágrima pronta a resbalar. |
|
|
|
Y al fin resbala y cae como gota |
|
del rocío al pensar |
|
que cual hoy por ayer, por hoy mañana |
|
volveremos los dos a suspirar. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LIV -- |
|
|
|
Entre el discorde estruendo de la orgía |
|
acarició mi oído, |
|
como nota de lejana música, |
|
el eco de un suspiro. |
|
|
|
El eco de un suspiro que conozco, |
|
formado de un aliento que he bebido, |
|
perfume de una flor que oculta crece |
|
en un claustro sombrío. |
|
|
|
Mi adorada de un día, cariñosa, |
|
"¿:en qué piensas ", me dijo: |
|
"En nada. " "¿:En nada, y lloras" "Es que tienes |
|
alegre la tristeza y triste el vino". |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LV -- |
|
|
|
Hoy como ayer, mañana como hoy |
|
¡y siempre igual! |
|
Un cielo gris, un horizonte eterno |
|
y andar. , andar. |
|
|
|
Moviéndose a compás como una estúpida |
|
máquina, el corazón; |
|
la torpe inteligencia del cerebro |
|
dormida en un rincón. |
|
|
|
El alma, que ambiciona un paraíso, |
|
buscándole sin fe; |
|
fatiga sin objeto, ola que rueda |
|
ignorando por qué. |
|
|
|
Voz que incesante con el mismo tono |
|
canta el mismo cantar; |
|
gota de agua monótona que cae, |
|
y cae sin cesar. |
|
|
|
Así van deslizándose los días |
|
unos de otros en pos, |
|
hoy lo mismo que ayer. , y todos ellos |
|
sin goce ni dolor. |
|
|
|
¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando |
|
del antiguo sufrir. |
|
Amargo es el dolor; ¡pero siquiera |
|
padecer es vivir! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LVI -- |
|
|
|
¿:Quieres que de ese néctar delicioso |
|
no te amargue la hez |
|
pues aspírale, acércale a tus labios |
|
y déjale después. |
|
|
|
¿:Quieres que conservemos una dulce |
|
memoria de este amor |
|
Pues amémonos hoy mucho y mañana |
|
digámonos ¡adiós! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LVII -- |
|
|
|
Yo sé cuál el objeto |
|
de tus suspiros es; |
|
yo conozco la causa de tu dulce |
|
secreta languidez. |
|
¿:Te ríes. Algún día |
|
sabrás, niña, por qué: |
|
tú lo sabes apenas |
|
y yo lo sé. |
|
|
|
Yo sé cuando tu sueñas, |
|
y lo que en sueños ves; |
|
como en un libro puedo lo que callas |
|
en tu frente leer. |
|
¿:Te ríes. Algún día |
|
sabrás, niña, por qué: |
|
tú lo sabes apenas |
|
y yo lo sé. |
|
|
|
Yo sé por qué sonríes |
|
y lloras a la vez. |
|
yo penetro en los senos misteriosos |
|
de tu alma de mujer. |
|
¿:Te ríes. Algún día |
|
sabrás, niña, por qué: |
|
mientras tu sientes mucho y nada sabes, |
|
yo que no siento ya, todo lo sé. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LVIII -- |
|
|
|
Al ver mis horas de fiebre |
|
e insomnio lentas pasar, |
|
a la orilla de mi lecho, |
|
¿:quién se sentará |
|
|
|
Cuando la trémula mano |
|
tienda próximo a expirar |
|
buscando una mano amiga, |
|
¿:quién la estrechará |
|
|
|
Cuando la muerte vidríe |
|
de mis ojos el cristal, |
|
mis párpados aún abiertos, |
|
¿:quién los cerrará |
|
|
|
Cuando la campana suene |
|
(si suena en mi funeral), |
|
una oración al oírla, |
|
¿:quién murmurará |
|
|
|
Cuando mis pálidos restos |
|
oprima la tierra ya, |
|
sobre la olvidada fosa. |
|
¿:quién vendar a llorar |
|
|
|
¿:Quién en fin al otro día, |
|
cuando el sol vuelva a brillar, |
|
de que pasé por el mundo, |
|
¿:quién se acordará |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LIX -- |
|
|
|
Me ha herido recatándose en las sombras, |
|
sellando con un beso su traición. |
|
Los brazos me echó al cuello y por la espalda |
|
|
|
me partió a sangre fría el corazón. |
|
|
|
Y ella impávida sigue su camino, |
|
feliz, risueña, impávida, ¿:y por qué |
|
porque no brota sangre de la herida. |
|
¡porque el muerto esta en pie. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LX -- |
|
|
|
Como se arranca el hierro de una herida |
|
su amor de las entrañas me arranqué, |
|
aunque sentí al hacerlo que la vida |
|
me arrancaba con él! |
|
|
|
Del altar que le alcé en el alma mía |
|
la Voluntad su imagen arrojó, |
|
y la luz de la fe que en ella ardía |
|
ante el ara desierta se apagó. |
|
|
|
Aún turbando en la noche el firme empeño |
|
vive en la idea la visión tenaz. |
|
¡Cuándo podré dormir con ese sueño |
|
en que acaba el soñar! |
|
|
|
|
|
|
--Rima LXI -- |
|
|
|
Este armazón de huesos y pellejo |
|
de pasear una cabeza loca |
|
cansado se halla al fin, y no lo extraño; |
|
pues, aunque es la verdad que no soy viejo, |
|
|
|
de la parte de vida que me toca |
|
en la vida del mundo, por mi daño |
|
he hecho un uso tal, que juraría |
|
que he condensado un siglo en cada día. |
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Así, aunque ahora muriera, |
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no podría decir que no he vivido; |
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que el sayo, al parecer nuevo por fuera, |
|
conozco que por dentro ha envejecido. |
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Ha envejecido, sí, ¡pese a mi estrella!, |
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harto lo dice ya mi afán doliente; |
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que hay dolor que al pasar su horrible huella |
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graba en el corazón, si no en la frente. |
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-- Rima LXII -- |
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Primero es un albor trémulo y vago, |
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raya de inquieta luz que corta el mar; |
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luego chispea y crece y se difunde |
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en ardiente explosión de claridad. |
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La brilladora lumbre es la alegría; |
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la temerosa sombra es el pesar; |
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¡Ay!, en la oscura noche de mi alma, |
|
¿:cuándo amanecerá |
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|
-- Rima LXIII -- |
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Como enjambre de abejas irritadas, |
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de un obscuro rincón de la memoria |
|
salen a perseguirnos los recuerdos |
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de las pasadas horas. |
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Yo los quiero ahuyentar. ¡Esfuerzo tan inútil! |
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Me rodean, me acosan, |
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y unos tras otros a clavarme vienen |
|
el agudo aguijón que el alma encona. |
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|
-- Rima LXIV -- |
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Como guarda el avaro su tesoro, |
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guardaba mi dolor; |
|
le quería probar que hay algo eterno |
|
a la que eterno me juró su amor. |
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Mas hoy le llamo en vano y oigo al tiempo |
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que le agotó, decir: |
|
"¡Ah, barro miserable, eternamente |
|
no podrás ni aun sufrir! |
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|
-- Rima LXV -- |
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Llegó la noche y no encontré un asilo, |
|
¡y tuve sed. !, mis lágrimas bebí; |
|
¡y tuve hambre! ¡Los hinchados ojos |
|
cerré para morir! |
|
¡Estaba en un desierto! Aunque a mi oído |
|
de las turbas llegaba el ronco hervir, |
|
yo era huérfano y pobre. ¡El mundo estaba |
|
desierto. para mí! |
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|
-- Rima LXVI -- |
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¿:De dónde vengo. El más horrible y áspero |
|
de los senderos busca: |
|
Las huellas de unos pies ensangrentados |
|
sobre la roca dura, |
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los despojos de un alma hecha jirones |
|
en las zarzas agudas, |
|
te dirán el camino |
|
que conduce a mi cuna. |
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|
¿:A donde voy El más sombrío y triste |
|
de los páramos cruza, |
|
valle de eternas nieves y de eternas |
|
melancólicas brumas. |
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|
En donde esté una piedra solitaria |
|
sin inscripción alguna, |
|
donde habite el olvido, |
|
allí estará mi tumba. |
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|
-- Rima LXVII -- |
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|
¡Qué hermoso es ver el día |
|
coronado de fuego levantarse, |
|
y a su beso de lumbre |
|
brillar las olas y encenderse el aire! |
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|
¡Qué hermoso es tras la lluvia |
|
del triste otoño en la azulada tarde, |
|
de las húmedas flores |
|
el perfume beber hasta saciarse! |
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|
|
¡Qué hermoso es cuando en copos |
|
la blanca nieve silenciosa cae, |
|
de las inquietas llamas |
|
ver las rojizas lenguas agitarse! |
|
|
|
¡Qué hermoso es cuando hay sueño |
|
dormir bien. y roncar como un sochantre. |
|
y comer. y engordar. y qué desgracia |
|
que esto solo no baste! |
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|
-- Rima LXVIII -- |
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|
No sé lo que he soñado |
|
en la noche pasada; |
|
triste muy triste debió ser el sueño, |
|
pues despierto la angustia me duraba. |
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|
Noté al incorporarme |
|
húmeda la almohada, |
|
y por primera vez sentí al notarlo |
|
de un amargo placer henchirse el alma. |
|
|
|
Triste cosa es el sueño |
|
que llanto nos arranca, |
|
mas tengo en mi tristeza una alegría. |
|
sé que aún me quedan lágrimas. |
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|
|
-- Rima LXIX -- |
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|
|
Al brillar un relámpago nacemos |
|
y aún dura su fulgor cuando morimos; |
|
tan corto es el vivir. |
|
|
|
La gloria y el amor tras que corremos |
|
sombras de un sueño son que perseguimos: |
|
¡Despertar es morir! |
|
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|
-- Rima LXX -- |
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|
|
¡Cuántas veces al pie de las musgosas |
|
paredes que la guardan, |
|
oí la esquila que al mediar la noche |
|
a los maitines llama! |
|
|
|
¡Cuántas veces trazo mi silueta |
|
la luna plateada, |
|
junto a la del ciprés que de su huerto |
|
se asoma por las tapias! |
|
|
|
Cuando en sombras la iglesia se envolvía, |
|
de su ojiva calada, |
|
¡cuántas veces temblar sobre los vidrios |
|
vi el fulgor de la lámpara! |
|
|
|
Aunque el viento en los ángulos oscuros |
|
de la torre silbara, |
|
del coro entre las voces percibía |
|
su voz vibrante y clara. |
|
|
|
En las noches de invierno, si un medroso |
|
por la desierta plaza |
|
se atrevía a cruzar, al divisarme, |
|
el paso aceleraba. |
|
|
|
Y no faltó una vieja que en el torno |
|
dijese a la mañana |
|
que de algún sacristán muerto en pecado |
|
era yo el alma. |
|
|
|
A oscuras conocía los rincones |
|
del atrio y la portada; |
|
de mis pies las ortigas que allí crecen |
|
las huellas tal vez guardan. |
|
|
|
Los búhos, que espantados me seguían |
|
con sus ojos de llamas, |
|
llegaron a mirarme con el tiempo |
|
como a un buen camarada. |
|
|
|
A mi lado sin miedo los reptiles |
|
se movían a rastras; |
|
¡hasta los mudos santos de granito |
|
creo que me saludaban! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXI -- |
|
|
|
No dormía; vagaba en ese limbo |
|
en que cambian de forma los objetos, |
|
misteriosos espacios que separan |
|
la vigilia del sueño. |
|
|
|
Las ideas que en ronda silenciosa |
|
daban vueltas en torno a mi cerebro, |
|
poco a poco en su danza se movían |
|
con un compás más lento. |
|
|
|
De la luz que entra al alma por los ojos |
|
los párpados velaban el reflejo; |
|
pero otra luz el mundo de visiones |
|
alumbraba por dentro. |
|
|
|
En este punto resonó en mi oído |
|
un rumor semejante al que en el templo |
|
vaga confuso al terminar los fieles |
|
con un amén sus rezos. |
|
|
|
Y oí como una voz delgada y triste |
|
que por mi nombre me llamo a lo lejos, |
|
y sentí olor de cirios apagados, |
|
de humedad y de incienso. |
|
. . . . . . . . . . |
|
|
|
Pasó la noche, y del olvido en brazos |
|
caí, cual piedra, en su profundo seno. |
|
No obstante al despertar exclamé: "¡Alguno |
|
que yo quería ha muerto!" |
|
|
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|
|
|
-- Rima LXXII -- |
|
|
|
Primera voz |
|
|
|
Las ondas tienen vaga armonía, |
|
Las violetas suave olor, |
|
brumas de plata la noche fría, |
|
luz y oro el día; |
|
yo algo mejor: |
|
¡yo tengo Amor! |
|
|
|
Segunda voz |
|
|
|
Aura de aplausos, nube rabiosa, |
|
ola de envidia que besa el pie. |
|
isla de sueños donde reposa |
|
el alma ansiosa. |
|
¡dulce embriaguez |
|
la Gloria es! |
|
|
|
Tercera voz |
|
|
|
Ascua encendida es el tesoro, |
|
sombra que huye la vanidad, |
|
todo es mentira: la gloria, el oro. |
|
Lo que yo adoro |
|
sólo es verdad: |
|
¡la Libertad! |
|
|
|
Así los barqueros pasaban cantando |
|
la eterna canción, |
|
y al golpe del remo saltaba la espuma |
|
y heríala el sol. |
|
|
|
"¿:Te embarcas", gritaban, y yo sonriendo |
|
les dije al pasar: |
|
"ha tiempo lo hice, por cierto que aun tengo |
|
la ropa en la playa tendida a secar. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXXIII -- |
|
|
|
Cerraron sus ojos |
|
que aún tenía abiertos, |
|
taparon su cara |
|
con un blanco lienzo, |
|
y unos sollozando, |
|
otros en silencio, |
|
de la triste alcoba |
|
todos se salieron. |
|
|
|
La luz que en un vaso |
|
ardía en el suelo, |
|
al muro arrojaba |
|
la sombra del lecho, |
|
y entre aquella sombra |
|
veíase a intérvalos |
|
dibujarse rígida |
|
la forma del cuerpo. |
|
|
|
Despertaba el día |
|
y a su albor primero |
|
con sus mil ruidos |
|
despertaba el pueblo. |
|
Ante aquel contraste |
|
de vida y misterio, |
|
de luz y tinieblas, |
|
yo pensé un momento: |
|
"¡Dios mío, qué solos |
|
se quedan los muertos!" |
|
|
|
De la casa, en hombros, |
|
lleváronla al templo, |
|
y en una capilla |
|
dejaron el féretro. |
|
Allí rodearon |
|
sus pálidos restos |
|
de amarillas velas |
|
y de paños negros. |
|
|
|
Al dar de las ánimas |
|
el toque postrero, |
|
acabó una vieja |
|
sus últimos rezos, |
|
cruzó la ancha nave, |
|
las puertas gimieron |
|
y el santo recinto |
|
quedóse desierto. |
|
|
|
De un reloj se oía |
|
compasado el péndulo |
|
y de algunos cirios |
|
el chisporroteo. |
|
Tan medroso y triste, |
|
tan oscuro y yerto |
|
todo se encontraba |
|
que pensé un momento: |
|
"¡Dios mío, qué solos |
|
se quedan los muertos!" |
|
De la alta campana |
|
la lengua de hierro |
|
le dio volteando |
|
su adiós lastimero. |
|
El luto en las ropas, |
|
amigos y deudos |
|
cruzaron en fila, |
|
formando el cortejo. |
|
|
|
Del último asilo, |
|
oscuro y estrecho, |
|
abrió la piqueta |
|
el nicho a un extremo; |
|
allí la acostaron, |
|
tapiáronla luego, |
|
y con un saludo |
|
despidióse el duelo. |
|
|
|
La piqueta al hombro |
|
el sepulturero, |
|
cantando entre dientes, |
|
se perdió a lo lejos. |
|
La noche se entraba, |
|
el sol se había puesto: |
|
perdido en las sombras |
|
yo pensé un momento: |
|
"¡Dios mío, qué solos |
|
se quedan los muertos!" |
|
|
|
En las largas noches |
|
del helado invierno, |
|
cuando las maderas |
|
crujir hace el viento |
|
y azota los vidrios |
|
el fuerte aguacero, |
|
de la pobre niña |
|
a veces me acuerdo. |
|
|
|
Allí cae la lluvia |
|
con un son eterno; |
|
allí la combate |
|
el soplo del cierzo. |
|
Del húmedo muro |
|
tendida en el hueco, |
|
¡acaso de frío |
|
se hielan los huesos. ! |
|
|
|
. . . . . . . . . |
|
|
|
¿:Vuelve el polvo al polvo |
|
¿:Vuela el alma al cielo |
|
¿:Todo es, sin espíritu, |
|
podredumbre y cieno |
|
¡No sé; pero hay algo |
|
que explicar no puedo, |
|
que al par nos infunde |
|
repugnancia y duelo, |
|
a dejar tan tristes, |
|
tan solos los muertos. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXIV -- |
|
|
|
Las ropas desceñidas, |
|
desnudas las espadas, |
|
en el dintel de oro de la puerta |
|
dos ángeles velaban. |
|
|
|
Me aproximé a los hierros |
|
que defienden la entrada, |
|
y de las dobles rejas en el fondo |
|
la vi confusa y blanca. |
|
|
|
La vi como la imagen |
|
que en un ensueño pasa, |
|
como un rayo de luz tenue y difuso |
|
que entre tinieblas nada. |
|
|
|
Me sentí de un ardiente |
|
deseo llena el alma; |
|
¡como atrae un abismo, aquel misterio |
|
hacía si me arrastraba! |
|
|
|
Mas, ¡ay!, que de los ángeles |
|
parecían decirme las miradas: |
|
"¡El umbral de esta puerta |
|
sólo Dios lo traspasa!" |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXV -- |
|
|
|
¿:Será verdad que cuando toca el sueño |
|
con sus dedos de rosa nuestros ojos, |
|
de la cárcel que habita huye el espíritu |
|
en vuelo presuroso |
|
|
|
¿:Será verdad que, huésped de las nieblas, |
|
de la brisa nocturna al tenue soplo, |
|
alado sube a la región vacía |
|
a encontrarse con otros |
|
|
|
¿:Y allí desnudo de la humana forma, |
|
allí los lazos terrenales rotos, |
|
breves horas habita de la idea |
|
el mundo silencioso |
|
|
|
¿:Y ríe y llora y aborrece y ama |
|
y guarda un rastro del dolor y el gozo, |
|
semejante al que deja cuando cruza |
|
el cielo un meteoro |
|
|
|
¡Yo no sé si ese mundo de visiones |
|
vive fuera o va dentro de nosotros: |
|
lo que sé es que conozco a muchas gentes |
|
a quienes no conozco! |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXVI -- |
|
|
|
En la imponente nave |
|
del templo bizantino, |
|
vi la gótica tumba a la indecisa |
|
luz que temblaba en los pintados vidrios. |
|
|
|
Las manos sobre el pecho, |
|
y en las manos un libro, |
|
una mujer hermosa reposaba |
|
sobre la urna del cincel prodigio. |
|
|
|
Del cuerpo abandonado |
|
al dulce peso hundido, |
|
cual si de blanda pluma y raso fuera |
|
se plegaba su lecho de granito. |
|
|
|
De la sonrisa última |
|
el resplandor divino |
|
guardaba el rostro, como el cielo guarda |
|
del sol que muere el rayo fugitivo. |
|
|
|
Del cabezal de piedra |
|
sentados en el filo, |
|
dos ángeles, el dedo sobre el labio, |
|
imponían silencio en el recinto. |
|
|
|
No parecía muerta; |
|
de los arcos macizos |
|
parecía dormir en la penumbra |
|
y que en sueños veía el paraíso. |
|
|
|
Me acerqué de la nave |
|
al ángulo sombrío, |
|
con el callado paso que se llega |
|
junto a la cuna donde duerme un niño. |
|
|
|
La contemplé un momento |
|
y aquel resplandor tibio, |
|
aquel lecho de piedra que ofrecía |
|
próximo al muro otro lugar vacío. |
|
|
|
En el alma avivaron |
|
la sed de lo infinito, |
|
el ansia de esa vida de la muerte, |
|
para la que un instante son los siglos. |
|
. . . . . . . . . . . . |
|
|
|
Cansado del combate |
|
en que luchando vivo, |
|
alguna vez me acuerdo con envidia |
|
de aquel rincón oscuro y escondido. |
|
|
|
De aquella muda y pálida |
|
mujer me acuerdo y digo: |
|
"¡Oh, qué amor tan callado el de la muerte! |
|
¡Qué sueño el del sepulcro tan tranquilo!" |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXVII -- |
|
|
|
Es un sueño la vida, |
|
pero un sueño febril que dura un punto; |
|
Cuando de él se despierta, |
|
se ve que todo es vanidad y humo. |
|
¡Ojalá fuera un sueño |
|
muy largo y muy profundo, |
|
un sueño que durara hasta la muerte!. |
|
Yo soñaría con mi amor y el tuyo. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXVIII -- |
|
|
|
Podrá nublarse el sol eternamente; |
|
podrá secarse en un instante el mar; |
|
podrá romperse el eje de la tierra |
|
como un débil cristal. |
|
|
|
¡Todo sucederá! Podrá la muerte |
|
cubrirme con su fúnebre crespón; |
|
pero jamás en mí podrá apagarse |
|
la llama de tu amor. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXIX -- |
|
|
|
Mi vida es un erial, |
|
flor que toco se deshoja; |
|
que en mi camino fatal |
|
alguien va sembrando el mal |
|
para que yo lo recoja. |
|
|
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXX -- |
|
|
|
Patriarcas que fuiste la semilla |
|
del árbol de la fe en siglos remotos: |
|
al vencedor divino de la muerte, |
|
rogadle por nosotros. |
|
|
|
Profetas que rasgasteis inspirados |
|
del porvenir el velo misterioso: |
|
al que sacó la luz de las tinieblas, |
|
rogadle por nosotros. |
|
|
|
Almas cándidas, Santos Inocentes |
|
que aumentáis de los ángeles el coro: |
|
al que llamo a los niños a su lado, |
|
rogadle por nosotros. |
|
Apóstoles que echasteis por el mundo |
|
del la Iglesia el cimiento poderoso: |
|
al que es de verdad depositario, |
|
rogadle por nosotros. |
|
|
|
Mártires que ganasteis vuestra palma |
|
en la arena del circo, en sangre rojo: |
|
al que os dio fortaleza en los combates, |
|
rogadle por nosotros. |
|
|
|
Vírgenes semejantes a azucenas, |
|
que el venado vistió de nieve y oro: |
|
al que es fuente de la vida hermosura, |
|
rogadle por nosotros. |
|
|
|
Monjes que de la vida en el combate |
|
pedisteis paz al claustro silencioso: |
|
al que es iris de calma en las tormentas, |
|
rogadle por nosotros. |
|
|
|
Doctores cuyas plumas nos legaron |
|
de virtud y saber rico tesoro: |
|
al que es raudal de ciencia inextinguible, |
|
rogadle por nosotros. |
|
|
|
Soldados del ejercito de Cristo |
|
santas y santos todos: |
|
rogadle que perdone nuestras culpas |
|
a Aquel que vive y reina entre vosotros. |
|
|
|
|
Rima LXXXI-XC |
|
-- Rima LXXXI -- |
|
|
|
Dices que tienes corazón, y solo |
|
lo dices porque sientes sus latidos; |
|
eso no es corazón. es una máquina |
|
que al compás que se mueve hace ruido. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXXII -- |
|
|
|
Fingiendo realidades |
|
con sombra vana, |
|
delante del deseo |
|
va la esperanza. |
|
y sus mentiras |
|
como el Fénix, renacen |
|
de sus cenizas. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXXIII -- |
|
|
|
Una mujer me ha envenenado el alma, |
|
otra mujer me ha envenenado el cuerpo; |
|
ninguna de las dos vino a buscarme, |
|
yo de ninguna de las dos me quejo. |
|
|
|
Como el mundo es redondo, el mundo rueda. |
|
Si mañana, rodando, este veneno |
|
envenena a su vez, ¿:por qué acusarme |
|
¿:Puedo dar mas de lo que a mí me dieron |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXXIV -- |
|
|
|
A CASTA |
|
|
|
Tu voz es el aliento de las flores, |
|
tu voz es de los cisnes la armonía; |
|
es tu mirada el esplendor del día, |
|
y el color de la rosa es tu color. |
|
|
|
Tú prestas nueva vida y esperanza |
|
a un corazón para el amor ya muerto: |
|
tú creces de mi vida en el desierto |
|
como crece en un páramo la flor. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXXV -- |
|
|
|
A ELISA |
|
|
|
Para que los leas con tus ojos grises, |
|
para que los cantes con tu clara voz, |
|
para que se llenen de emoción tu pecho |
|
hice mis versos yo. |
|
|
|
Para que encuentres en tu pecho asilo |
|
y le des juventud, vida, calor, |
|
tres cosas que yo no puedo darles, |
|
hice mis versos yo. |
|
Para hacerte gozar con mi alegría, |
|
para que sufras tu con mi dolor, |
|
para que sientas palpitar mi vida, |
|
hice mis versos yo. |
|
|
|
Para poder poner antes tus plantas |
|
la ofrenda de mi vida y de mi amor, |
|
con alma, sueños rotos, risas, lágrimas |
|
hice mis versos yo. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXXVI -- |
|
|
|
Flores tronchadas, marchitas hojas |
|
arrastra el viento; |
|
en los espacios, tristes gemidos |
|
repite el eco. |
|
. . . . . . . . |
|
En las nieblas de los pasado, |
|
en las regiones del pensamiento |
|
gemidos tristes, marchitas galas |
|
son mis recuerdos. |
|
|
|
|
-- Rima LXXXVII -- |
|
|
|
Es el alba una sombra |
|
de tu sonrisa, |
|
y un rayo de tus ojos |
|
la luz del día; |
|
pero tu alma |
|
es la noche de invierno, |
|
negra y helada. |
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXXVIII -- |
|
|
|
Errante por el mundo fui gritando: |
|
"La gloria ¿:dónde está" |
|
Y una voz misteriosa contestóme: |
|
"Más allá. más allá. " |
|
|
|
En pos de ella perseguí el camino |
|
que la voz me marcó; |
|
halléla al fin, pero en aquel instante |
|
el humo se troncó. |
|
|
|
Más el humo, formado denso velo, |
|
se empezó a remontar. |
|
Y penetrando en la azulada esfera |
|
al cielo fue a parar. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
-- Rima LXXXIX -- |
|
|
|
Negros fantasmas, |
|
nubes sombrías, |
|
huyen ante el destello |
|
de la luz divina. |
|
Esa luz santa, |
|
niña de negros ojos, |
|
es la esperanza. |
|
|
|
Al calor de sus rayos |
|
mi fe gigante |
|
contra desdenes lucha |
|
sin amenguarse. |
|
en este empeño |
|
es, si grande el martirio, |
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mayor el premio. |
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Y si aún muestras esquiva |
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alma de nieve, |
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si aún no me quisieras, |
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yo no he de quererte: |
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mi amor es roca |
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donde se estrellan tímidas |
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del mal las olas. |
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-- Rima XC. |
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Yo soy el rayo, la dulce brisa, |
|
lágrima ardiente, fresca sonrisa, |
|
flor peregrina, rama tronchada; |
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yo soy quien vibra, flecha acerada. |
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|
Hay en mi esencia, como en las flores |
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mil perfumes, suaves vapores, |
|
y su fragancia fascinadora, |
|
trastorna el alma de quien adora. |
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|
|
Yo mis aromas doquier prodigo |
|
ya el más horrible dolor mitigo, |
|
y en grato, dulce, tierno delirio |
|
cambio el más duro, cruel martirio. |
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|
¡Ah!, yo encadeno los corazones, |
|
más son de flores los eslabones. |
|
Navego por los mares, |
|
voy por el viento |
|
alejo los pesares |
|
del pensamiento. |
|
yo, en dicha o pena, |
|
reparto a los mortales |
|
con faz serena. |
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|
Poder terrible, que en mis antojos |
|
brota sonrisas o brota enojos; |
|
poder que abrasa un alma helada, |
|
si airado vibro flecha acerada. |
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|
|
Doy las dulces sonrisas |
|
a las hermosas; |
|
coloro sus mejillas |
|
de nieve y rosas; |
|
humedezco sus labios, |
|
y sus miradas |
|
hago prometer dichas |
|
no imaginadas. |
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|
Yo hago amable el reposo, |
|
grato, halagüeño, |
|
o alejo de los seres |
|
el dulce sueño, |
|
todo a mi poderío |
|
rinde homenaje; |
|
todo a mi corona |
|
dan vasallaje. |
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|
Soy el amor, rey del mundo, |
|
niña tirana, |
|
ámame, y tú la reina |
|
serás mañana. |
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Yo soy el rayo, la dulce brisa, |
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lágrima ardiente, fresca sonrisa, |
|
flor peregrina, rama tronchada; |
|
yo soy quien vibra, flecha acerada. |
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Hay en mi esencia, como en las flores |
|
mil perfumes, suaves vapores, |
|
y su fragancia fascinadora, |
|
trastorna el alma de quien adora. |
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|
Yo mis aromas doquier prodigo |
|
ya el más horrible dolor mitigo, |
|
y en grato, dulce, tierno delirio |
|
cambio el más duro, cruel martirio. |
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|
¡Ah!, yo encadeno los corazones, |
|
más son de flores los eslabones. |
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Navego por los mares, |
|
voy por el viento |
|
alejo los pesares |
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del pensamiento. |
|
yo, en dicha o pena, |
|
reparto a los mortales |
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con faz serena. |
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Poder terrible, que en mis antojos |
|
brota sonrisas o brota enojos; |
|
poder que abrasa un alma helada, |
|
si airado vibro flecha acerada. |
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|
Doy las dulces sonrisas |
|
a las hermosas; |
|
coloro sus mejillas |
|
de nieve y rosas; |
|
humedezco sus labios, |
|
y sus miradas |
|
hago prometer dichas |
|
no imaginadas. |
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Yo hago amable el reposo, |
|
grato, halagüeño, |
|
o alejo de los seres |
|
el dulce sueño, |
|
todo a mi poderío |
|
rinde homenaje; |
|
todo a mi corona |
|
dan vasallaje. |
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Soy el amor, rey del mundo, |
|
niña tirana, |
|
ámame, y tú la reina |
|
serás mañana. |
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Rima XCI-XCVIII |
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--Rima XCI -- |
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¿:No has sentido en la noche, |
|
cuando reina la sombra |
|
una voz apagada que canta |
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y una inmensa tristeza que llora |
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¿:No sentiste en tu oído de virgen |
|
las silentes y trágicas notas |
|
que mis dedos de muerto arrancaban |
|
a la lira rota |
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¿:No sentiste una lágrima mía |
|
deslizarse en tu boca, |
|
ni sentiste mi mano de nieve |
|
estrechar a la tuya de rosa |
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¿:No viste entre sueños |
|
por el aire vagar una sombra, |
|
ni sintieron tus labios un beso |
|
que estalló misterioso en la alcoba |
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Pues yo juro por ti, vida mía, |
|
que te vi entre mis brazos, miedosa; |
|
que sentí tu aliento de jazmín y nardo |
|
y tu boca pegada a mi boca. |
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-- Rima XCII -- |
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Apoyando mi frente calurosa |
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en el frío cristal de la ventana, |
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en el silencio de la oscura noche |
|
de su balcón mis ojos no apartaba. |
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En medio de la sombra misteriosa |
|
su vidriera lucía iluminada, |
|
dejando que mi vista penetrase |
|
en el puro santuario de su estancia. |
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Pálido como el mármol el semblante; |
|
la blonda cabellera destrenzada, |
|
acariciando sus sedosas ondas, |
|
sus hombros de alabastro y su garganta, |
|
mis ojos la veían, y mis ojos |
|
al verla tan hermosa, se turbaban. |
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Mirábase al espejo; dulcemente |
|
sonreía a su bella imagen lánguida, |
|
y sus mudas lisonjas al espejo |
|
con un beso dulcísimo pagaba. |
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Mas la luz se apagó; la visión pura |
|
desvanecióse como sombra vana, |
|
y dormido quedé, dándome celos |
|
el cristal que su boca acariciara. |
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-- Rima XCIII -- |
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Si copia tu frente |
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del río cercano la pura corriente |
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y miras tu rostro del amor encendido, |
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soy yo, que me escondo |
|
del agua en el fondo |
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y, loco de amores, a amar te convido; |
|
soy yo, que, en tu pecho buscada morada, |
|
envío a tus ojos mi ardiente mirada, |
|
mi blanca divina. |
|
y el fuego que siento la faz te ilumina. |
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Si en medio del valle |
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en tardo se trueca tu amor animado, |
|
vacila tu planta, se pliega tu talle. |
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soy yo, dueño amado, |
|
que, en no vistos lazos |
|
de amor anhelante, te estrecho en mis brazos; |
|
soy yo quien te teje la alfombra florida |
|
que vuelve a tu cuerpo la fuerza de la vida; |
|
soy yo, que te sigo |
|
en alas del viento soñando contigo. |
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Si estando en tu lecho |
|
escuchas acaso celeste armonía |
|
que llena de goces tu cándido pecho, |
|
soy yo, vida mía. ; |
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soy yo, que levanto |
|
al cielo tranquilo mi férvido canto; |
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soy yo, que, los aires cruzando ligero |
|
por un ignorado, movible sendero, |
|
ansioso de calma, |
|
sediento de amores, penetro en tu alma. |
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-- Rima XCIV -- |
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¡Quién fuera luna, |
|
quién fuera brisa, |
|
quién fuera sol! |
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. . . . . . . . |
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¡Quién del crepúsculo |
|
fuera la hora, |
|
quién el instante |
|
de tu oración! |
|
¡Quién fuera parte |
|
de la plegaria |
|
que solitaria |
|
mandas a Dios! |
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|
¡Quién fuera luna |
|
quién fuera brisa, |
|
quién fuera sol!. |
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-- Rima XCV -- | |
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Yo me acogí, como perdido nauta, |
|
a una mujer, para pedirle amor, |
|
y fue su amor cansancio a mis sentidos, |
|
hielo a mi corazón. |
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Y quedé, de mi vida en la carrera, |
|
que un mundo de esperanza ayer pobló, |
|
como queda un viandante en el desierto: |
|
¡A solas con Dios! |
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-- Rima XCVI -- |
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|
Para encontrar tu rostro
miraba al cielo |
|
que no es bien que tu imagen |
|
se halle en el suelo; |
|
si de allí vino, |
|
él buscaba su origen |
|
no es desvarío. |
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-- Rima XCVII -- |
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Esas quejas del piano |
|
a intervalos desprendidas, |
|
sirenas adormecidas |
|
que evoca tu blanca mano, |
|
no esparcen al aire en vano |
|
el melancólico son; |
|
pues de la oculta mansión |
|
en que mi pasión se esconde, |
|
a cada nota responde |
|
un eco del corazón. |
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|
-- Rima XCVIII -- |
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|
Nave que surca los mares, |
|
y que empuja el vendaval, |
|
y que acaricia la espuma, |
|
de los hombres es la vida; |
|
su puerto, la eternidad. |
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